Cómo los estudiantes creadores solucionan problemas del mundo real

by Vicky Thompson
Contributing Editor

Los estudiantes creadores se enfrentan a retos del mundo real con misiones de la comunidad Maker Share para crear innovadoras soluciones tecnológicas basadas en un aprendizaje práctico y en el deseo de marcar la diferencia.

Siempre que la joven Hannah Edge sufre un ataque de asma, se ve obligada a acudir a urgencias para someterse a una prueba de espirometría. La voluminosa máquina de diagnóstico que realiza pruebas de la función pulmonar siempre le ha ayudado a recuperarse. Pero un día se preguntó si podría fabricar un dispositivo portátil de medición de pequeño tamaño que pudiera utilizar en su propia casa y que también pudiera ayudar a otros pacientes asmáticos a evitar las continuas visitas al hospital.

Edge encarna el espíritu creativo del movimiento de creadores cuyo objetivo es solucionar problemas. Con solo 15 años fundó SpiroEdge, una startup de dispositivos médicos. Su analizador portátil de la función pulmonar podrá ayudar a los pacientes que padecen asma, una enfermedad respiratoria que afecta a 25 millones de personas en Estados Unidos.

“Muchos creadores comienzan solucionando un problema que es importante para ellos”, afirma Dale Dougherty, fundador y Presidente de Maker Media. “A medida que van mejorando, van ampliando el alcance a otras personas para ayudarles a solucionar problemas”.

Actualmente, el movimiento de creadores ha llegado a los estudiantes gracias a la puesta en marcha de Maker Share, una comunidad en línea para estudiantes, profesores y creadores interesados en proyectos con impacto social. Organizados por Maker Media e Intel, los miembros de la comunidad crean, comparten sus carteras de proyectos y buscan recursos de aprendizaje para comprender mejor el funcionamiento de la tecnología.

El principal atractivo de Maker Share son las misiones que ayudan a los estudiantes a centrar su pasión creativa en la creación de proyectos que solucionen problemas del mundo real, desde problemas de salud hasta soluciones de energía sostenible.

“Trabajamos en equipo para solucionar los problemas que no se pueden resolver con la ayuda de las empresas actuales, los investigadores ni por cualquier otro medio”, afirma Dougherty.

La presentación de la revista Make: en 2005 ayudó a definir y registrar el auge del movimiento de creadores. Esta comunidad unida de innovadores tecnológicos autodidactas comparte proyectos y recursos en el sitio web de la revista y se reúne en las casi 200 Maker Faire que se celebran en 38 países de todo el mundo cada año.

Bibliotecas y centros de enseñanza se han unido al movimiento con la idea de crear espacios destinados a los creadores equipados con impresoras en 3D, ordenadores integrables, materiales para sus creaciones y herramientas para impulsar la creatividad de los estudiantes manitas, comenta Dougherty.

Todos a por la tecnología

La cantidad de nueva información técnica se duplica cada dos años y, por tanto, la formación técnica práctica es ahora incluso más importante para los estudiantes de hoy en día, según afirman los educadores Karl Fisch y Scott McLeod, creadores de la serie de vídeos Shift Happens (Did You Know?) donde se explica con qué velocidad la tecnología está cambiando el mundo, especialmente el sector de la enseñanza.

“Para los estudiantes que comienzan una carrera universitaria de cuatro años, esto significa que la mitad de los conocimientos que adquirirán en su primer año de estudios quedarán obsoletos en su tercer año de carrera”, comenta Fisch.

Un estudio de investigación realizado por la Universidad de Oklahoma sobre espacios para creadores revela que durante el aprendizaje práctico, los estudiantes se someten a un proceso de “aclarar y repetir” que les permite descubrir cómo funciona la tecnología mediante el método de ensayo y error.

“Si permites a los estudiantes llevar a cabo los tipos de proyectos que realmente les importan, estarán mucho más motivados para adquirir los conocimientos necesarios para conseguirlo”, afirma Rajiv Mongia, Director de Programas de Promoción de Creadores de Intel.

Jóvenes creadores
Dale Dougherty (segundo por la izquierda) y Rajiv Mongia (de rodillas) ayudan a preparar a jóvenes creadores aportándoles los conocimientos técnicos necesarios para convertirlos en verdaderos innovadores.

A diferencia del tradicional aprendizaje en aulas, en el que los profesores y los libros de texto son la principal fuente de información, Mongia afirma que los entornos de espacios para creadores inspiran a los estudiantes a aprender nuevas cosas buscando ellos mismos la información necesaria. Según un estudio de la Universidad de Oklahoma, el aprendizaje autodirigido ayuda a los estudiantes a desarrollar los cuatro pilares de la innovación: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad.

Dougherty comenta que en el movimiento de creadores no hay lugar para el aburrimiento porque los estudiantes están plenamente motivados en proyectos prácticos que les resultan interesantes.

“La escuela es demasiado aburrida para muchos chicos y, si se aburren, no aprenden”, añade. “La creación es algo realmente atractivo para los niños porque les hace implicarse desde un punto de vista creativo, técnico y con cuerpo y mente. Esa es una gran diferencia con respecto al método que emplean las actuales escuelas”.

Solucionando problemas del mundo real

Dougherty afirma que las misiones de Maker Share están estructuradas para ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades que les permiten solucionar problemas para marcar la diferencia en el mundo.

Una idea de misión vino de una madre que escribió a Dougherty preguntándole si alguien podría crear un dispositivo que permitiera a Malia, su hija de 11 años con parálisis cerebral, comunicarse con los demás.

“Es el ejemplo perfecto de misión: mejorar la vida de una persona”, afirma Dougherty. “Creo que otras personas estarían dispuestas a ayudar para averiguarlo”.

Pocas horas después de crearse la comunidad Maker Share, Mongia se puso en contacto con un viejo amigo del instituto que vio el perfil del director de Intel en el sitio web. El proyecto de Malia tenía un significado especial para su amigo, cuyo hijo se enfrenta a un reto similar con la gente que no entiende su lenguaje.

“Tan solo 24 horas después de la puesta en marcha de esta comunidad, ya habíamos creado una conexión real entre alguien que buscaba una solución para su hijo y una misión para la que los creadores estaban intentando encontrar una solución”, afirma Mongia.

Edge, la joven creadora que se preguntaba si se podría crear un dispositivo portátil para realizar la prueba de espirometría, no tenía experiencia alguna en la creación de prototipos de dispositivos médicos, pero tener que vivir con el asma fue lo que impulsó su deseo de buscar una solución al problema.

Hannah Edge
Hannah Edge tenía tan solo 13 años cuando creó su pequeño dispositivo portátil para medir la capacidad pulmonar.

La espirometría es una prueba común de la función pulmonar que mide la cantidad de aire y la rapidez con la que los pacientes pueden expulsarlo de sus pulmones. El prototipo de Edge ayuda tanto a los pacientes que padecen trastornos respiratorios como a los deportistas de alto rendimiento a determinar la capacidad pulmonar y detectar cambios en la función pulmonar. Su analizador portátil SpiroEdge envía datos de la función pulmonar directamente a un médico y, a la larga, podría reducir las visitas a urgencias.

Hace dos años, se incorporó como estudiante de primer grado al Dublin High School de Dublín, California, a la edad de 13 años, donde pasó meses investigando cómo medir la capacidad pulmonar y lograr integrar la tecnología en un dispositivo portátil.

Edge utilizó el diseño asistido por ordenador (CAD) y la impresión en 3D para crear un dispositivo portátil del tamaño de un inhalador. Posteriormente, programó una aplicación Android para obtener datos en tiempo real de los sensores de presión de aire. Con un código Bluetooth personal para garantizar una conexión segura, el dispositivo envía los resultados de la medición de la capacidad pulmonar a un médico a través de un almacenamiento seguro en la nube de Google.

El prototipo del SpiroEdge ganó el primer premio en la Feria de Ciencia e Ingeniería del Condado de Alameda y permitió a Edge participar en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel.

“Creo que lo más gratificante de ser una innovadora es recibir comentarios positivos sobre mi trabajo, poder mejorar las vidas de las personas y, posiblemente, tener un impacto positivo en la medicina y en la salud pública”, comenta Edge.

Con tan solo 15 años, Edge dirige su propia startup de dispositivos médicos con la ayuda de Rami Abousleiman, que además de ser ingeniero eléctrico y de software, es cofundador y Director de Tecnología de la empresa. La empresa aún se encuentra en fase de desarrollo y actualmente trabaja en un segundo prototipo del dispositivo SpiroEdge que incluye más características.

“Trabajar con SpiroEdge me ha ayudado realmente a mejorar y desarrollar mis habilidades fundamentales, como gestionar el tiempo eficazmente, afrontar los problemas, crear un plan de acción y aplicar mis recursos”, afirma Edge.

Dispositivo SpiroEdge
Con el dispositivo SpiroEdge creado por la joven Hannah Edge, las personas asmáticas podrán realizar la prueba de la función pulmonar con facilidad.

Maker Share tiene previsto mostrar el trabajo de los estudiantes creadores como Edge con la intención de inspirar a otras personas para que compartan sus ideas con el objeto de aplicarlas a tecnologías que tengan un impacto positivo en la sociedad.

“En la comunidad Maker Share, cualquier persona puede crear un catálogo de sus trabajos para mostrar sus aptitudes y, además de conocerles por las calificaciones propiamente dichas, también permite conocer sus logros y éxitos reales”, comenta Dougherty.

El futuro de la enseñanza técnica

Rajiv Mongia de Intel cree que los conocimientos que adquieren los estudiantes con los proyectos de los creadores les ayudarán a convertirse en innovadores de éxito en la cuarta revolución industrial.

“En las primeras tres revoluciones industriales, disponer de las tecnologías necesarias para innovar era un auténtico reto para la gente. Como resultado de ello, la innovación estaba limitaba a aquellas personas que tenían el acceso a los recursos financieros y los conocimientos necesarios para llevar a cabo sus sueños”, afirma Mongia.

Ahora es un momento crucial para que la juventud desarrolle capacidades de innovación, incluyendo la informática física, la codificación, el pensamiento de diseño, la creatividad y el trabajo en equipo, comenta Mongia. Los espacios de colaboración como Maker Share y otros programas prácticos para jóvenes técnicos, como el programa Make Tomorrow que forma parte de la nueva iniciativa Intel Innovation Generation, ayudan a preparar a los futuros innovadores.

El actual movimiento de creadores proporciona un fácil acceso a los módulos necesarios para innovar y crear nuevas soluciones tecnológicas que ayudan a los estudiantes a solucionar problemas del mundo real.

 

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