Arte y música

Cómo los músicos que piratean el hardware convierten la tecnología en una sinfonía

Jason Johnson Freelance writer and editor

La nueva tendencia de música electrónica está impulsada por villanos que convierten el hardware informático en instrumentos artesanales.

Nick Demopoulos se sentó en el salón de su apartamento del barrio de Brooklyn en Nueva York preocupado por una intoxicación por plomo.

Había estado montando un instrumento musical modificado a partir de circuitos impresos y varios componentes electrónicos y llevaba varios días respirando los gases de la soldadura. Así que decidió encender el ventilador al pensar en toda esa gente que, tras varios años reparando pedales de guitarras, se había vuelto loca como consecuencia de la soldadura de hierro. Hecho esto, volvió a meter la cabeza en la máscara y siguió instalando transistores.

Al igual que Demopoulos, muchos forman parte de una corriente en auge de compositores y “artesanos de la canción” que se han arremangado y se han metido de lleno en la creación de instrumentos musicales sacados a partir del hardware informático. Según muchos testimonios, esta oleada de innovación no podría haber llegado en mejor momento. nic-collins_5-e1485191501814

En los últimos años, festivales gráficamente atractivos como Tomorrowland han sufrido una drástica disminución en la venta de entradas. Además hay un creciente número de detractores que piensan que la música disco electrónica se ha vuelto excesiva y perezosa. Para evitar la monotonía, algunos artistas electrónicos están aprendiendo a “hackear”, o piratear, sus equipos para crear sonidos frescos y originales.

El 17 de enero Demopoulos debutó con su nuevo instrumento, denominado Pyramidi 2, en un bolo en Brooklyn.

“Soy músico, no un diseñador con estudios”, aclara. “Cuando creaba mis primeros instrumentos, me ponía como loco y los hacía todo lo rápido que podía”. Como una vez al año, se siente en la obligación de reformar por completo los viejos diseños.

El modelo de este año, por ejemplo, está alojado dentro de una caja triangular de una pieza. Aunque compara la acción de tocar el heterodoxo instrumento como hacer lo propio con una guitarra hawaiana, la música que produce es totalmente única.

“Soy la única persona que toca este instrumento, por lo que el público no tiene ni idea de cómo sonará”, explica. “No digo que el sonido sea fantástico, solo digo que es diferente”. nic-collins_3-e1485191646709

Los directos de Demopoulos son experiencias atrevidas. Además de tocar los Pyramidis, también gimotea en un dispositivo con forma de guitarra tachonado con botones y joysticks. Pero, aunque lo parezca, no está trasteando cosas.

Los artistas musicales que piratean instrumentos de viento suelen intentar romper los límites de la creatividad y llevar los sonidos más allá de sus límites.

“La gran mayoría de cosas que la gente hace en la música son fundamentalmente problemas musicales conocidos”, explica el compositor Nicolas Collins, que trabaja como profesor de sonido en la escuela de arte School of the Art Institute of Chicago. Por ejemplo, la mayoría de los músicos siguen enfrascados en el arte milenario para escribir un tema.

Pero escribir música para un instrumento pirateado o artesanal es todavía un territorio ampliamente desconocido. “Es como intentar meter una canasta en otro planeta”, explica. “Los músicos tienen que empezar a pensar de un modo más creativo”. nic-collins_1-e1485191689841

Los primeros piratas musicales, según Collins, emergieron de la camarilla de artistas que se reunían en torno al compositor vanguardista John Cage en la década de 1960. Compositores americanos como David Behrman y Gordon Mumma mostraron su interés por producir nuevos tipos de música con tecnologías emergentes, pero no tenían acceso a las instalaciones y estudios adecuados para tal fin. Como solución alternativa, pirateaban circuitos de equipos informáticos antiguos y los utilizaban para crear sus sinfonías alienígenas.

En la actualidad, los músicos que piratean el hardware se han adaptado a las nuevas tecnologías para mantenerse al día. El compositor Keith Fullerton Whitman es conocido por improvisar con equipos muy avanzados. Con su portátil y varios sintetizadores de la vieja escuela sepultados bajo una maraña de cables crea música ambiente, drone y noise. nic-collins_4-e1485191728525

Un método en el que ha confiado a lo largo de sus diecisiete álbumes de estudio es en el overclocking. Muy conocido también entre los videojugadores que intentan sacar la máxima potencia a sus ordenadores, el overclocking se puede considerar como un café expreso permanente para las máquinas. En esencia, la técnica consiste en manipular la configuración del hardware de un ordenador para hacer que la CPU alcance unas velocidades vertiginosas.

“La incertidumbre y la espontaneidad que este tipo de enfoque te ofrece como compositor y oyente tiene su mérito”, afirma Whitman. “Me siento como si colaborara con mi equipo a nivel de componentes”.

La relación entre el músico y el hardware se ha vuelto cada vez más importante desde el auge de los dispositivos utilizados por los DJ y los VJ (DJ con un componente visual). El año pasado, Thud Rumble colaboró con Intel para reinventar el tocadiscos para la era digital. Integraron las prestaciones informáticas de un módulo Intel Edison en un tocadiscos para que los DJ no siempre tuvieran que estar pegados a su portátil. Aparte de la portabilidad adicional también permite a los músicos girar y mezclar sobre la marcha utilizando una interfaz mucho más natural. thud-rumble-intel_3-e1485191784853

Si miramos hacia el futuro, la inteligencia artificial se presenta como la próxima frontera en el plano de la música manejada por máquinas.

“Sin lugar a dudas, las redes neurales podrían utilizarse como fantásticas herramientas creativas para los músicos”, comentan Matt Vitelli y Aran Nayebi, que el año pasado crearon una AI llamada GRUV para una clase de programación. GRUV es un maestro de aprendizaje profundo que analiza la música en un iPod o en una biblioteca de iTunes y que propone música tras estudiar cientos de horas de estructuras de canciones.

La música no suena como si la hubiera grabado un músico profesional… todavía. Sin embargo, de vez en cuando, resulta interesante e incluso se puede escuchar. Vitelli y Nayebi creen que la calidad mejorará en los próximos años. No obstante, es posible que la tecnología sea más adecuada para explorar las posibilidades con el sonido hecho por una máquina.

“Creemos que los músicos que utilizan las redes neurales para adaptar o mejorar una canción están en un término medio”, afirman. Al menos, por ahora.

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