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Fotógrafos de imágenes time-lapse llevan la astronomía al límite de la imaginación

Cuando el sol se pone señalando a Orión, la Osa Mayor y otras constelaciones centelleantes se convierten en una agradable forma de pasar la noche. Pero no es nada comparado con el explosivo espectáculo de luces girando y cayendo en cascada que la fotografía “time-lapse”, o a intervalos, captura cuando sigue al cielo nocturno.

Antes de que el cielo nocturno se vea arruinado por los niveles crecientes de contaminación lumínica, los fotógrafos Gavin Heffernan y Harun Mehmedinović quieren enseñarle al mundo lo que se va a perder.

De un modo parecido a Carl Sagan o Stephen Hawking, quienes utilizan la ciencia para ayudar a expandir nuestro conocimiento del cosmos, Heffernan y Mehmedinović utilizan la fotografía time-lapse para animar a la gente a conocer la astronomía. Échale un vistazo al impresionante vídeo de SkyGlow.

Los dos fotógrafos hacen vídeos que parecen manipular el tiempo utilizando ajustes específicos en sus cámaras, una colección de equipos portátiles y tecnología informática en su casa para procesar la enorme cantidad de imágenes que capturan. Han creado una Vía Láctea en espiral, interrumpida solo por veloces flashes de lluvias de estrellas fugaces y colas de meteoros.

“Hace diez o quince años, gente como Harun y yo nunca hubiéramos podido alcanzar este nivel de producción simplemente por los costes prohibitivos y las limitaciones técnicas”, comenta Heffernan. “Ahora, en general, las únicas limitaciones son las que nos ponemos nosotros mismos. Creo que esta es una razón de peso por la que cada vez se ven más trabajos de fotografía time-lapse y astrofotografía en Internet”.

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Los dos fotógrafos eran compañeros de clase en el American Film Institute. Capturar movimientos inimaginables del cielo nocturno les ha hecho ganarse un hueco en el National Geographic, en varios canales meteorológicos y en el Daily Planet. Pero su campaña en Kickstarter para el Proyecto SkyGlow ha llevado su trabajo a todo un nuevo público.

“Harun y yo hemos conseguido muchos seguidores de nuestra fotografía y vídeos del cielo nocturno”, afirma Heffernan, señalando a sus sitios web SunchaserPictures.com y Bloodhoney.com. “Pero nunca habíamos ofrecido nuestra astrofotografía hasta ahora”.

El dúo está creando un libro de astrofotografía acompañado de una serie de vídeos time-lapse que exploran el paisaje astronómico de Norteamérica. En colaboración con la Asociación Internacional Dark-Sky, el Proyecto SkyGlow pretende concienciar a la sociedad sobre la creciente amenaza de la contaminación lumínica y la importancia de preservar los cielos oscuros.

“Gran parte de lo que estamos fotografiando puede que no esté en 50 años, porque los cielos oscuros se están viendo afectados por un aumento anual del 6% en contaminación lumínica”, explica Mehmedinović.

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Para crear sus vídeos, que van más allá de la imaginación, los dos confían en su instinto, una planificación estratégica y el equipo apropiado.

“Utilizamos cinco o seis cámaras a la vez, con un reparto equitativo entre Canon 5D Mark IIIs y 6Ds”, aclara Mehmedinović.

También confían en lentes rápidas con apertura de f2,8 o más rápida y utilizan intervalómetros a control remoto, que cuentan intervalos de tiempo, para cada cámara.

“Utilizamos trípodes muy resistentes para evitar los movimientos de la cámara y ocasionalmente utilizamos el Michron de Alpine Labs y el Radian, que nos permiten girar la cámara 360 grados mientras dispara”, comenta. También utilizan dispositivos time-lapse y una plataforma móvil motorizada para disparos de movimiento más avanzados.

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“Para hacer fotos de astrofotografía noctura, ajustamos la exposición a 25 segundos y la ISO normalmente entre 1600 y 6400; además, siempre disparamos en modo RAW para maximizar la calidad y mantener el ruido del color al mínimo”, explica.

Pasan alrededor de cuatro horas fotografiando el cielo nocturno, lo que son unas 120 imágenes por hora.

“Para fotos time-lapse, es importante no tocar la cámara una vez que está montada para evitar que se mueva, así que lo montamos todo y nos vamos, volvemos tres horas después y lo colocamos otra vez”.

El siguiente paso es coger las imágenes y editarlas en un vídeo.

Un vídeo de 20 segundos a 24 imágenes por segundo (FPS) requiere 480 instantáneas, según Heffernan. Toman cada foto como un archivo RAW de gran tamaño, que puede reproducirse a resolución completa en una pantalla de 5K, que es el equivalente a siete veces el número de píxeles utilizados para crear un vídeo HD de 1080p. Cada archivo es enorme y ocupa hasta 27 MB de memoria. Al multiplicar 27 MB por 480 fotos y la cantidad total de datos para un vídeo de 20 segundos es igual a unos descomunales 12,96 GB.

Es bastante difícil registrar la gran cantidad de datos utilizados para cualquier proyecto. “No estoy seguro cuánto suma todo eso pero es mucho”, afirma Heffernan.

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Para manejar estos enormes archivos y agilizar el flujo de trabajo, Heffernan utiliza discos duros rápidos Thunderbolt G-RAID de 4 TB para almacenar los archivos y los renderiza en un Apple Mac Pro equipado con un procesador Intel Xeon E5 de 12 núcleos a 2,7 GHz.

“Haremos la corrección del color en LightRoom y exportaremos otro conjunto de 480 JPEG, lo que equivale a unos 10 GB”, comenta Heffernan. “Esos JPEG se convierten en archivos de vídeo de 5K y 24 FPS utilizando QuickTime. De ese archivo de 5K de 4 GB, utilizaremos fotogramas claves en Final Cut para crear tomas de 1080p en movimiento”.

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Explica que las estelas de luz del vídeo son la trayectoria de las estrellas, renderizadas por un programa llamado Starstax.

“Si es un gran círculo con el ‘ojo en el cielo’ significa que la cámara está apuntando directamente a la Estrella Polar. Si ves líneas rectas significa que estás mirando en una dirección diferente”.

Los dos se sirven de su experiencia como cineastas para llenar de narración sus creaciones en time-lapse.

“Nos esforzamos por hacer que cada corto sea cinematográfico y atractivo para que nuestro público aprecie de verdad el increíble cielo nocturno”, cuenta Heffernan.

Mehmedinović pasó su infancia en Tuzla (Bosnia), donde los cielos oscuros y la naturaleza eran muy puros.

“Cuando era pequeño me enamoré de la Vía Láctea y me encantaban las luciérnagas, allí eran muy comunes. Siempre las he relacionado con las estrellas”, aclara. “Cuando vine a Estados Unidos, iba de ciudad en ciudad y tardé un tiempo en darme cuenta de que no podía ver las estrellas. No fue hasta que empecé a hacer viajes por carretera que pude verlas y tuve un flash-back de mi infancia”.

Su pasión por la astronomía y la fotografía acabaron por unirse, y pronto se vio atraído hacia la zona de la meseta del Colorado, donde conoció a personas de las tribus Navajo-Diné y Hopi que le enseñaron sobre mitología y arqueoastronomía.

“Las estrellas son uno de los catalizadores naturales más fuertes para la imaginación y la reflexión sobre los misterios de la vida”, explica. “Las estrellas hacen que nos sintamos parte de un universo mucho más grande”.

A Mehmedinović le preocupa que la contaminación lumínica esconda nuestro extraordinario cielo nocturno a las futuras generaciones, y también el daño que esto causará al espíritu humano colectivo. El Proyecto Skyglow podría despertar la curiosidad de aquellos que nunca han visto la majestuosidad de un cielo realmente oscuro.

“Si más gente pudiera ver los cielos oscuros, se enamoraría del cielo como yo lo hice cuando era niño”, comenta Mehmedinović. “Espero que podamos conseguir que la humanidad retroceda en esa tendencia que es la contaminación lumínica”.

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