Arte y música

Nuestro cerebro nos engañará cuando hablemos con robots.

 

Imagina no tener ni idea de si la persona con la que estás hablando es una persona de verdad o un programa informático.

Los chatbots son buenos, aunque no tanto. Sin embargo, imagínate hablar con una inteligencia artificial que parezca un humano. ¿Te dejarías engañar? Científicos de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres (LSE, por sus siglas en inglés) decidieron averiguarlo y llevaron a cabo un experimento en el que una persona normal tenía que decir cosas sugeridas por un ordenador.

El humano que actuaba en nombre del ordenador en el experimento de la LSE recibió el apodo de ecoborg. Así es como funcionó el proceso de interacción con uno de ellos:

  • Te encuentras con un ecoborg y le haces una pregunta (p. ej., su nombre).
  • Un científico situado en cualquier lugar del mundo escucha tu pregunta a través del transceptor del ecoborg.
  • El científico introduce la pregunta en el ordenador.
  • El bot (programa informático de inteligencia artificial) genera una respuesta.
  • El científico transmite la respuesta al ecoborg a través de un micrófono.
  • El ecoborg dice la respuesta en voz alta.
ecobot
Fuente: BBC.

¿Cuáles fueron las respuestas? No lo sabemos con seguridad, pero cualquiera que haya interactuado alguna vez con un chatbot sabe que la conversación tiene todo el sentido de mundo hasta que de repente el bot cambia de tema o le da la vuelta a todo (si quieres hablar con un bot bastante inteligente, haz clic aquí).

Si hay una pantalla entre nosotros y el otro hablante puede que empecemos a sospechar algo. Sin embargo, ¿sospecharías algo si hubiera una persona normal sentada delante de ti saliéndose por la tangente de forma aleatoria? Una vez finalizado el experimento, se llegó a la conclusión de que prestamos más atención a la apariencia del hablante que al mensaje que intenta transmitirnos. El ecoborg actuaba como una persona normal y, por tanto, el cerebro asumió que todo lo que sucedía era normal, mientras que los cambios de tema se atribuyeron a distracciones.

¿Por qué es eso? En su libro “Incógnito: Las vidas secretas del cerebro”, David Eagleman explica lo siguiente:

No solo es nuestra percepción del mundo una estructura que no representa la realidad con precisión, sino que también tenemos la falsa impresión de una imagen completa y detallada cuando lo que en realidad vemos es solamente lo que necesitamos ver y nada más. (…) No percibimos lo que hay realmente ahí fuera. Percibimos lo que nuestro cerebro nos dice que percibamos.

Nuestra percepción de la realidad toma conciencia cuando lo que nos dicen nuestros sentidos no coincide con nuestras expectativas.

Cuando te sientas delante de un ecoborg, asumes que estás hablando con un ser humano. ¿No hay ningún motivo para alarmarse, verdad?

Por otro lado, ¿qué te diría tu cerebro si vieras un pequeño y lindo robot? ¿Y si fuera tan lindo como Boxie?

Boxie está equipado con una cámara y puede formular preguntas. Durante las pruebas, se movió libremente por los laboratorios de multimedia del MIT e interactuó con la gente. Los científicos descubrieron que personas completamente desconocidas se mostraron muy abiertas con Boxie y compartieron con él sus secretos más íntimos. Otro robot todavía mas adorable es el llamado BlabDroid. BlabDroid estuvo hablando con Chris Hadfield, antiguo comandante de la Estación Espacial Internacional, y escuchó su historia.


Probablemente pudo conseguirlo porque el robot tenía la voz de un niño, unos “ojos grandes” y una “sonrisa que inspiraba confianza”. Esas comillas no se utilizan en vano: el robot no tiene ojos y su sonrisa es solo un dibujo. A pesar de ello, el cerebro humano sigue asumiendo que tiene intenciones. Si algo parece pequeño e inofensivo, asumimos que lo es.

Debido al modo en el que se programaron, Boxie y BlabDroid no son violentos y no representan ninguna amenaza, al menos inmediata.

Steve Brown, Director Futurista de Intel, cree que estamos a punto de empezar una nueva era de evolución informática, como así lo demuestran los ordenadores que han comenzado a desarrollar ojos y oídos. Están empezando a entendernos e intentando comunicarse con nosotros. Mientras la interacción esté limitada al texto de una pantalla, aceptaremos sin problemas que estamos hablando con una máquina. Sin embargo, habrá cada vez más robots entre nosotros. Algunos de ellos parecerán seres humanos adultos, otros serán como niños y algunos otros no se parecerán a nosotros en absoluto. Debemos reflexionar sobre la posibilidad de que nuestros cerebros puedan engañarnos durante las interacciones con ellos o de que les atribuyamos intenciones que no tienen basándonos únicamente en su apariencia. Los experimentos realizados hasta ahora sugieren que existen muchas posibilidades de que esto suceda.

Steve Brown, Director Futurista de Intel
Steve Brown, Director Futurista de Intel

Todavía tenemos tiempo para prepararnos para una era en la que los robots no serán un fenómeno sino parte de la vida diaria. ¿Un robot sonriente tiene buenas intenciones? ¿Quién está detrás de esta pequeña máquina tan linda con voz de niño pidiéndonos que revelemos nuestros secretos? Nuestro cerebro nos ha permitido ser la especie dominante de la Tierra, pero también podría provocar que nos equivoquemos cuando interactuamos con robots.

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